lunes, 28 de mayo de 2012

Adiós, Manolo

De compras. Me atiende una señora con acento eslavo, de un metro ochenta de estatura a ojo de buen cubero, con el pelo rubio y los ojos claros. De ésas que dan miedo. O casi. Hechos los trámites, llama a dos empleados, y éstos se ocupan del resto de la operación. Uno es un rumano eficiente que se ocupa de mí con diligencia, y hablando un español casi perfecto, me advierte: «Cuidado con esta pieza, que es muy jodida y se suelta». Lo de muy jodida lo ha dicho con el desparpajo y la naturalidad de quien le tiene tomado el punto a la pieza que se suelta y al habla de Cervantes. Integrado total. El otro empleado es un joven azteca, o maya, o lo que sea. Uno de allí, con un magnífico pelo negro, la piel cobriza y unos ojos oscuros e inteligentes. También son ojos orgullosos. Hace un momento, mientras brujuleaba por la tienda, tuve ocasión de presenciar una escena de ese mismo joven con un cliente ligeramente estúpido, y de advertir la mirada que le dirigió el indio cuando al otro se le fue un poco la mano en el trato. Si te llego a pillar en Tenochtitlán aquella noche -decía elocuente esa mirada- me hago un llavero con tus pelotas. Incluso si te encuentro un sábado por la noche, de copas, igual me lo hago. Huevón.

El caso es que salgo de la tienda satisfecho, porque además de eficientes son gente amable, que sabe lo que importa un cliente en estos tiempos. En la puerta me paro a dejar pasar a tres niños que vienen del cole con mochilas a la espalda, hablando de sus cosas. Deben de andar por los ocho o diez años. Dos son chinos totales, y uno de ellos lleva una felpa -detesto discúlpenme, la sucia palabra sudadera- del Real Madrid y les está diciendo a los otros algo que acaba con la frase «os lo juro, tíos». Me lo quedo mirando con media sonrisa en la boca y la otra media en la tienda de la que acabo de salir, y me digo: ahí los tienes, chaval. En los últimos veinte minutos has visto a seis personas, y sólo los padres de dos nacieron aquí. Y acaba de pasar un chino de Lavapiés, hincha del Madrid, con un acento castizo que te vas de vareta. Ésta es la España que hay, concluyo. Y la que viene. La que va siendo. Y a lo mejor por ahí nos salvamos, al final. O se salvan nuestros descendientes. Cuando pasen los tiempos de la purga, de la penitencia por lo que fuimos y aún somos, y nuestra mala simiente ancestral se diluya por fin en la genética, y otra generación de españoles diferentes nos borre del mapa.Camino detrás de los tres críos, observándolos mientras pienso en todo eso. En que dentro de unos años, sus nietos se mezclarán con los de la bolchevique rubia de la tienda, del americano de ojos orgullosos e inteligentes, del rumano que sabe que las piezas son jodidas y se sueltan. Y de esos fascinantes cruces de caminos del azar y la vida, saldrán españoles nuevos: jóvenes gloriosamente mestizos, con la mirada orgullosa del indio en unos ojos rasgados y asiáticos que tengan el color claro de la ucraniana de la tienda y la inteligencia del rumano de eficaz parla cervantina, aliñados tal vez con el valor desesperado del africano que se jugó la vida a bordo de una patera. Españoles felizmente distintos, nuevos, mezclados entre sí, que rompan nuestra estúpida inercia para generar, como ocurre en los buenos mestizajes, hombres y mujeres más atractivos, imaginativos e inteligentes. Sobre todo, cada vez más lejos de los fantasmas y odios viscerales que emponzoñan este lóbrego patio de vecinos llamado España. Gente distinta, a cuya sangre mezclada y renovada importen un carajo las secuelas no resueltas de las guerras carlistas, la guerra del Segador, los mártires de la Cruzada, los fusilados del franquismo, el fuero de los Monegros, el Estatut de Úbeda y toda nuestra larga enfermedad histórica. Nuestra puerca estirpe de insolidaridad, vileza y mala leche. Nacerán así españoles nuevos, prácticos, que se rían en la cara de los sinvergüenzas que ofrecen euros a cincuenta céntimos, esqueletos de armario, errehaches y endogamias catetas. Que se vayan a la cama juntos, se preñen unos a otros y nos preñen a todos tantas veces como haga falta, hasta que lo importante, lo necesario, se dibujen con nitidez en la retina de nuestra estirpe. Hasta que nazca, al fin, un español que busque el futuro en vez de la manera de hacerle la puñeta al vecino, o vengar a su abuelo. Puestos a ser analfabetos -eso ya parece irremediable-, seamos al menos analfabetos guapos, con ojos verdes, ritmo africano y latino en las venas, andares de mulata hermosa, aplomo de eslavos tenaces, coraje de sangre moruna. Y al tradicional Manolo moreno, bajito, limitado, fanático de las fiestas de su pueblo, de la efigie del santo patrón y de la última y puta guerra civil, que le vayan dando.   

Arturo Perez Reverte

viernes, 25 de mayo de 2012

Final de la Copa del Rey

Uno de cada cuatro menores en España, un total de 2,2 millones, vive en hogares que están por debajo del umbral de la pobreza, por lo que por primera vez estos conforman el colectivo más pobre del país, esto es lo que Unicef acaba de comunicar en su último informe.
España tiene un porcentaje elevadísimo de menores de 18 años que viven en hogares con un altísimo índice de pobreza, hogares en los que los ingresos aportados para sus cuatro miembros están por debajo de los 11.000 euros anuales. España se encuentra así, siendo uno de los países de la Unión Europea con uno de los índices más altos de pobreza en menores de 18 años, superada solo por Rumania y Bulgaria en la Europa de los veintisiete.
Esta realidad, y otras iguales o peores, han pasado a un segundo plano en los últimos días, en las últimas horas. En efecto, parece que ahora lo más importante para los españoles no son los recortes en Sanidad y Educación, los altos índices de paro, la imposibilidad de encontrar trabajo o la peligrosa situación en la que se encuentran nuestros mayores, lo importante es un maldito partido de fútbol, el maldito opio del pueblo.
No quería escribir sobre ello, pero los silencios no son siempre buenos o adecuados.
Decía no hace mucho que “España ni se vota ni se discute”, y así es. Es más, España y todo lo español (esto incluye a todas las tierras de España, sus lenguas, tradiciones e identidades), se defiende con la razón, el sentimiento y la valentía. Por ello, es de patriotas oponerse a los posicionamientos y actitudes antinacionales de quienes insultan a España o a cualquiera de las tierras que la forman.
Quien lleva meses hablando de organizar una “reivindicación política” durante el partido de la final de la Copa del Rey son esas organizaciones independentistas catalanas y vascas que crecen a costa de su demagogia economicista, comprando voluntades desesperadas, prometiéndoles una vida más próspera en una Cataluña independiente. Su “España nos roba”, cala, y mucho, entre la inculta y desesperada masa sin abrigo alguno que cubra sus necesidades básicas. Esta claro, el independentismo crece gracias a los estómagos vacíos de quienes han visto el fin del estado del bienestar, un estado del bienestar, conviene no olvidarlo, al que siempre lo han antepuesto al bienser del individuo y al bien comunitario.
Triste realidad esta. La propuesta de esos independentistas apadrinados, entre otros, por un tal Santiago Espot (fanático de Companys y de sus checas), de pitar el himno nacional español durante el partido de futbol, no es más que una subnormalidad propia de tarados que utilizan el futbol para sus fines políticos. Y es que algunos critican lo que llaman “patrioterismo español” pero son incapaces de reconocerse en el mismo espejo donde también se refleja su “patrioterismo catalanista”, un patrioterismo que coloca una barretina a todo aquel que dice “bon día” y lo hace “catalán del año”… aunque acabe de llegar de Botswana.
Es triste, y así lo pienso, que hoy todo el mundo este hablando de las declaraciones de la “Espe” Aguirre, y pocos hablen de Bankia; es triste que las tertulias estén copadas hablando de ese partido de futbol, y pocos hablen de los cuatro mil parados diarios que ocasiona la crisis capitalista. El patrioterismo constitucional (Aguirre, Basagoiti…) ha hablado y con él han hablado también esos predicadores de la biblia separatista, como Jordi Basté, de la emisora RAC1, que utilizan las ondas para sermonear acerca del bien y del mal nacional. Ambos arengan a sus fanáticos –en el sentido peyorativo de la palabra-, ambos defienden “su” idea de España y de Cataluña; ambos se erigen en portavoces de los “españoles” y de los “catalanes”. Evidentemente hablan ambos en nombre de “su España” y de “su Cataluña”, ya que por fortuna hay muchos españoles, y ahí incluyo, claro está, a los catalanes, que nada queremos saber de sus patrioterismos banales y aldeanos. Nuestro patriotismo es místico. Nuestro patriotismo es social.
Y es que los mismos que desde el programa de Intereconomía, o de otros de la misma ralea, se escandalizan con tanto previsto grito antiespañol durante la final de copa, callan cuando en muchos campos de futbol se insulta a los catalanes o vascos, en su conjunto, cada vez que juegan contra un equipo de esas comunidades, como si esos equipos no fueran también españoles. Es curioso que muchos que hoy se escandalizan por los “Puta España” son los mismos que alegremente lanzan sus “Puta Cataluña”, escriben cosas como “que habría que meter a los vascos en un campo de fútbol y quemarlo” y sueltan las mismas, o parecidas, barbaridades contra los catalanes. Basta ver facebook o distintos foros para comprobarlo. Son los mismos que gritan al cielo cuando alguien quema una bandera española pero callan cuando se quema una de catalana (sin la estrella). Son lo mismo que esos predicadores de la biblia separatista, que callan, o lo justifican, cuando se quema una bandera española y lanzan las diez plagas contra España cuando se quema una bandera catalana. Ciertamente de psiquiátrico, o mejor, de comisaría y código penal.
El viernes no veré ningún partido. El viernes seguiré luchando en mi tierra contra las políticas antisociales de los gobiernos capitalistas apátridas. El viernes seguiré luchando en mi tierra contra los separatistas (como he hecho siempre) y contra quienes enarbolando la bandera de la unidad nacional odian y quieren exterminar mi identidad. El viernes pasará, y el sábado seguiré luchando, como tantos otros patriotas, por los derechos de mi Pueblo y por mi Patria; otros, en cambio, se olvidaran de todo, permanecerán, tras haber vociferado unas consignas u otras, en su casa; volverá su silencio ante la más que probable subida del IVA, ante nuevos recortes y subidas de impuestos… su patriotismo no es ni místico ni social, es banal, hueco, de grito fácil y de algarada de forofo.
Afirmaba Gustave Le Bon que “defender la patria es para un pueblo defender, a la vez, su pasado, su presente y su porvenir”, y no le faltaba razón. Lo que cabría responder es como entiende cada uno de nosotros esa alma nacional que representa el patriotismo. Y es que, esa alma nacional no puede ignorar a los cientos, a los miles, de catalanes, vascos, castellanos… que juntos han forjado nuestro pasado, nuestro presente y forjaran nuestro porvenir. Amputar, desde la imposición por un lado o el egoísmo por otro, el sentido y la razón de ser del alma nacional española, es un crimen cometido, por igual, por dos formas antagónicas de un mismo ser antinacional.

Juan Antonio Llopart para TdE

lunes, 21 de mayo de 2012

Bruto es un hombre honrado

El tercer acto de la tragedia Julio César contiene un ejemplo interesante de lo que, desde la Logse o por ahí cerca, llamamos comprensión lectora, y que hasta hace poco se conocía por simple sentido común. Para levantar al pueblo romano contra Bruto y los otros asesinos de César, el Marco Antonio de Shakespeare empieza su famoso discurso aludiendo varias veces a Bruto como «un hombre honrado». Y el pueblo, voluble pero no completamente imbécil, termina captando el sentido de la ironía y acaba queriendo hacer picadillo a los magnicidas. Dicho de otra forma, la comprensión lectora de los romanos fue en este caso, y en términos generales, la apropiada.

No sé qué suerte correrían Marco Antonio y su discurso, de difundirse a través de lo que hoy llamamos redes sociales. Si algo caracteriza lo que circula es la superficialidad y falta de rigor. A más simpleza, mayor difusión. Por situar un ejemplo, un mensaje típico de Twitter sería: «Dice Einstein que todo es relativo», seguido de treinta mil comentarios a favor o en contra de que todo sea relativo: un tercio de ellos procedentes de quienes no saben quién fue Einstein, y otro tercio escrito por osados analfabetos que no es ya que ignoren quién fue Einstein, sino que ignoran el significado de la palabra relativo.Salvando categorías, citaré un caso personal. Hace poco, elogiando Grupo 7 en Twitter, me congratulé de que la película muestre también esa otra Sevilla real, turbia, de putas, yonkis, marginación y gentuza que nunca sale en el Hola, en vez de remachar sólo el camelo constante de bares, ferias, semanas santas y carretas camino del Rocío. A los pocos minutos, una página de Internet que no se distingue por el rigor de sus contenidos y reseñas, lanzaba en la red el siguiente titular: Pérez-Reverte: «La Sevilla real son yonkis, putas y gentuza».A partir de entonces, fue ese mensaje el que empezó a difundirse en la red. Y sobre él, no sobre los razonados mensajes originales, surgió el proceso de viralidad común en estos casos. Alguno de ustedes sabe la que se lio: tres mil tuiteos el primer día y cinco mil la semana siguiente. Con la particularidad de que, tratándose de Sevilla, fértil en cofradías, equipos de fútbol y otras instituciones, una legión de capillitas, penitentes, aficionados al deporte rey, a la hípica, a los toros, a la feria, al flamenco y a las tapas de garbanzos con espinacas, se pusieron como tigres hircanos. Una hora después, unos pedían la retirada de mis libros de las librerías y otros exigían al alcalde que articulara mecanismos legales para prohibirme volver allí. Luego empezaron a intervenir los sensatos, los que saben leer sujeto, verbo, predicado y lo que hay detrás de cada cosa, y el asunto se fue equilibrando hasta derivar en debate, ya ajeno a mí, sobre si había razón o no en mis afirmaciones originales: Sevilla como bella ciudad escasa de autocrítica, barrios marginales, endogamia cultural y otros detalles.Fue, desde luego, una buena experiencia más sobre la torpe condición humana, la cultura o la ausencia de ella, la inteligencia de los lúcidos y la estupidez fanática de los menguados. Hubo detalles asombrosos. Llevo veinte años escribiendo esta página, que allí se publica con el ABC. Supongo que ciertos ciudadanos me habrán leído alguna vez, y eso incluye artículos premiados sobre Sevilla, dos novelas que escribí con ella como escenario, e innumerables alusiones afectuosas a una ciudad que, además, me concedió el premio de Turismo «por difundir positivamente la imagen de Sevilla en el mundo». Y pese a tales antecedentes, gente culta, sensata, que tiene contexto, que lee periódicos y libros, incluso algunos comunicantes que se declararon lectores míos de toda la vida, juraban no volver a leer un libro escrito por mí. «Lávese la boca cuando quiera hablar de Sevilla». Etcétera.También, en esto de pasar buenos ratos echando pan a los patos, fue interesante el alto número de sevillanos varones que mencionaron a mi madre como argumento estrella. Nunca había ocurrido antes, aunque llevo tiempo de broncas en Twitter, incluso con nacionalistas furibundos y feministas radicales en materia de lenguaje. Y me parece significativo. Brindo el dato a los sociólogos, a la hora de considerar el peso de las madres en la mentalidad de cierta población masculina de Sevilla. En cualquier caso, hubo dos mensajes notables que atesoré con entusiasmo coleccionista. Uno, famoso al difundirse luego con mucha guasa en la red, fue el que solicitaba para mí la pena de Garrote Bil. El otro, resumen fantástico de todo el disparate, me parece perfecto para ilustrar este artículo: «Debe pedir perdón por ofender a todos los andaluces y todas las andaluzas». O sea: España resumida en dos tuits.   

Arturo Perez Reverte

jueves, 17 de mayo de 2012

Trás las últimas detenciones....

Corrió como la pólvora la nueva noticia. Los medios tardaron poco en hacerse eco de ella, demostrando en las primeras horas de la noticia la seriedad y la calidad del periodismo actual. Al día siguiente, cierto conocido personaje que vive a costa de recibir subvenciones (para esto se ve que no hay recortes) se vanagloriaba en televisión, con la complicidad de un sistema político, judicial y policial que funciona con un doble rasero bastante preocupante.

Tres consideraciones:

- A los defensores más reactivos de la igualdad, libertad y fraternidad se les hincha el pecho haciendo declaraciones altisonantes sobre el magnifico golpe propinado contra los odiosos intereses fascistas y nazis. Se regodean con el éxito conseguido, se proclaman adalides de la libertad y el “buen-rollismo” tolerante, re-recitan el famoso poema de Bertolt Brecht (ese del “cuando vinieron a por mi…”), vamos, todo muy políticamente correcto. A los que utilizan esta mascarada para encubrir su auténtica posición: ¡Bravo!, os entiendo. En la guerra todo vale y, evidentemente, estamos en guerra. A los que de verdad creen en toda la farsa como si de la Santísima Trinidad se tratara: a veces me merecéis desprecio, pero luego me doy cuenta de que pagaréis con la misma moneda cuando dejéis de ser útiles y paséis a convertiros en otro problema más.

- Los pseudo-patriotas y auto-considerados estandartes de las “revoluciones nacionales auténticas” discuten en foros de internet el asunto. Para unos bien porque consideran que los horribles nazis y su pretendido holocausto no son más que una carga para ellos. Para otros mal porque la policía ha incautado banderas españolas y demás parafernalia, lo cuál es casi un insulto a semejantes símbolos cargados de tanta gloria. Para los de más allá está mal porque así pueden quejarse un poco del Sistema, pero ¡mira tú por donde!, unos sinvergüenzas menos que lastran el avance nacional en las urnas.

- Y la última y más dura y crítica, sobre por todo por a quién va dirigida. Los que se consideran guerreros revolucionarios ns/nr, pero cuya MILITANCIA no va más allá de asistir a algún concierto, comprar alguna camiseta o hacer piña en el fútbol. Esos que recuerdan a Josué (por cierto, hay más presos nuestros…) solo en las borracheras, que no fueron capaces de mostrar su apoyo a Pedro Varela con una carta o comprando un libro en su librería (los que lean…ya echarán de menos una librería así), que tienen dinero para gastar en “unas cosas” pero no en “otras” (¡qué caro están el material tío, que somos currantes, no pijo-fachas!), que afirman que están preparados para actuar hasta morir si es preciso pero que aún no es el momento (¡nunca llega ese momento, eh, chavales!), que… miedo me da seguir, aunque prefiero dejarlo a la reflexión de cada uno, qué es más dura e implacable por aquello de no poder escapar de tu propia conciencia.
¿A qué se debe este silencio?, ¿por qué esta ausencia de respuesta?, ¿qué más necesitamos para, al menos, intentar devolver algún golpe?. Nos asombramos y congratulamos por el éxito de formaciones políticas o agrupaciones europeas afines, pero no nos paramos a considerar que detrás de esos éxitos hay MUCHO trabajo, MUCHO sacrificio y MUCHA represión sufrida…¡y contestada en la calle!. Es evidente que no pueden borrarnos de un plumazo (no por falta de deseo), pero van a acabar con nosotros poco a poco, sutilmente, antes de que el ambiente esté más caldeado y se les compliquen más las cosas. Para entonces no tendremos fuerza ninguna de respuesta, ni siquiera de pataleo, porque habremos dejado que nos coloquen una pesada cadena eslabón por eslabón, en silencio, y no seremos más que un objeto inerte de colección. Nuevas detenciones sin respuesta, nuevas prohibiciones sin respuesta.
Ahora tendría que añadir una pequeña arenga revolucionaria y épica, que incitara a despertar esos profundamente dormidos sentimientos de valor y coraje, pero si otros con mejor prosa y hazañas a sus espaldas no lo han conseguido, prefiero dejar que sea tu conciencia (que de esa no se escapa nadie) quién te de el último toque de atención y no te deje dormir hasta que te pongas en marcha…o te pases al bando que te corresponde.

Envía Miguel R.V   Tribuna de Europa

viernes, 11 de mayo de 2012

Grecia despierta

El partido nacionalista griego Amanecer Dorado ( o Aurora Dorada, según que traducción se prefiera ) estará representado por varios diputados en el parlamento de Atenas y rondaría el 8% de los sufragios populares.
Nikos Michaloliakos "Temednos, que ya llegamos", ha proclamado Michaloliakos en un discurso televisado, El pueblo griego ha dado la espalda a las televisiones y a los periódicos que estaban en nuestra contra., Nos han calumniado, nos han difamado (...) y os hemos vencido", ha declarado.

Enhorabuena al pueblo griego por marcar el camino a los pueblos europeos para liberarnos de la opresión mundialista representada por la extremista, ella si partidocracia institucional y la UE de Bruselas.


martes, 1 de mayo de 2012

Nombres que nadie escribió

De vez en cuando, algunos de ustedes sugieren que me ponga en plan abuelo Cebolleta y cuente batallitas viejas. Lo hago con placer, porque me gusta la Historia y creo útil recordar ciertos episodios que, para bien o para mal, nos definen. E incluso, a veces, permiten reconciliarnos con nosotros mismos: con este desgraciado país que, pese a obispos, reyes, ministros y generales, también parió durante siglos a no poca gente honrada, valerosa y decente. A hombres y mujeres con los que valdría la pena tomarse una copa, e incluso dos. A fulanos admirables.

No siempre es necesario ir lejos en busca de analgésicos. Ejemplo fresco es algo ocurrido hace poco en Afganistán. En la guerra de Afganistán, palabra incómoda para esa idiotez de las Fuerzas Armadas Desarmadas Humanitarias que todo ministro de Defensa, sin distinción de pelaje ni pesebre, pretende calzarnos por la cara. El caso es que, en un lugar llamado Vigocho, hubo candela. Y varios nombres de legionarios españoles, que debían haber sido mencionados en el telediario y los papeles, no lo fueron. Si hubiera sido fútbol, no faltarían fotos, protagonistas calificados de héroes y ondear de banderas. Pero pegar tiros es menos mediático. Poco humanitario. Así que, por si les interesa -si no, lean a Paulo Coelho-, hoy cedo esta página al general que sí mencionó esos nombres en la orden del día. Y que, por cierto, no tiene mala prosa:

«Con motivo del combate acaecido el 7 de marzo de 2012, quiero felicitar a los componentes de la IIIª Sección de la TF 1ª Legión por su meritoria actuación, en especial los que se relacionan a continuación:

Teniente Ramón Prieto Gordillo. Jefe de la III Sección. Reaccionó de forma ejemplar. Dirigió el fuego de sus pelotones, distribuyendo los fuegos propios y solicitando apoyo del Pelotón de Morteros para hacer frente al fuego enemigo. Mantuvo la calma, transmitiéndola a sus subordinados. Coordinó la evacuación del herido, y realizó el repliegue de forma ordenada y coordinada.

Sargento José Moreno Ramos. Jefe del 3er. Pelotón. En cuanto recibe información sobre un hombre suyo herido en el cuello comprueba que su pelotón responde al fuego, realiza fuego rápido de supresión y abandona su pozo bajo fuego enemigo para atender personalmente al herido, que se encontraba cuarenta metros al sur. Mantuvo la calma en todo momento y la transmitió a sus subordinados. Su actuación en la atención de las heridas de uno de sus hombres, cortando una abundante hemorragia bajo fuego enemigo, fue determinante para salvarle la vida.

Cabo 1º José Manuel Gómez Santana. Jefe del equipo de tiradores de la compañía. Suprimió los orígenes de fuego enemigos realizando fuego de Barret y de Fusa, designó objetivos al jefe de sección, corrigió el fuego de mortero. Atendió a su binomio (compañero observador) cuando quedó cegado por la tierra a consecuencia del fogonazo del Barret. Mantuvo la calma en todo momento, siendo su actuación fundamental y clave para hacer frente al enemigo.

Cabo 1º José Miguel Ortega. Jefe del 1º Pelotón. Realizó de forma precisa fuego de mortero contra dos objetivos, exponiéndose al fuego enemigo para realizar fuego con eficacia, dirigiendo el fuego de su pelotón para que se le apoyase cuando se exponía al tirar con el mortero. Saltó de su posición, avanzando al descubierto para ocupar una mejor posición de tiro. Colaboró en la evacuación del herido, manteniendo la calma en todo momento.

Cabo Fernando Carrasco Ibriani. Jefe de Escuadra, tirador de MG42. Realizó fuego eficaz contra tres orígenes de fuego enemigos, manteniéndose firme sobre su ametralladora sin cesar en su apoyo en ningún momento. El jefe de Sección observa cómo el fuego de su ametralladora cae sobre un insurgente a 250 metros. Designó al jefe de su Sección los cuatro orígenes de fuego enemigos. Informaba del consumo de munición, dosificando los últimos 250 cartuchos, haciendo fuego sólo contra objetivos claramente identificados. Mostró un control total de la situación.

Iván Castro Canovaca. Fusilero del 3º Pelotón. Herido en los primeros segundos del combate, mantiene la calma y pide a su jefe de Pelotón que lo deje solo y acuda a su puesto nuevamente. Cuando su jefe de Sección le decía que estuviera tranquilo, que volvería a España a ver nacer a su hija, respondió que eso no le importaba en ese momento, que lo que quería era seguir en su puesto. No perdió en ningún momento la compostura, evitando ser un problema más en aquella situación»
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Arturo Perez Reverte

sábado, 14 de abril de 2012

6 Antifascistas matan a un joven en Madrid

Tres jóvenes han sido detenidos por matar a otro en el pueblo de Navalagamella. Según fuentes policiales, mataron a Alfonso de Hoz Pardo, de 27 años, golpeándole con una barra de hierro el pasado lunes por la noche. La víctima quedó en estado crítico, pero el miércoles por la mañana falleció en el hospital Doce de Octubre.

Al menos dos de los agresores están reconocidos en los archivos policiales como miembros de grupos de extrema izquierda, y se sospecha que en total participaron seis personas en la reyerta que acabó con Alfonso de Hoz muerto. El motivo de la disputa fue una joven que simpatiza con el movimiento skinhead y que era novia de Alfonso, explicaron vecinos del pueblo.

Sin embargo, ni a la Policía ni a la Guardia Civil le consta que el fallecido fuera también skinhead. Es más, se ha descartado que el crimen se debiera a motivos políticos, como también confirmó la propia alcaldesa del pueblo, Laura Blázquez, de IU.

Según todas las versiones, uno de los agresores increpó a Rocío, novia de Alfonso, cuando ésta paseaba por el centro del pueblo. Ella se lo contó a su pareja y él acudió por la noche en busca de los que la habían insultado.

Se presentó armado con un bate de béisbol y una navaja, y entonces comenzó la pelea, en la que al final uno de los antisistema agarró una barra de hierro de un material de obra que había cerca y le golpeó por detrás en la cabeza. Alfonso quedó en estado crítico y ya no pudo salvarse.

La Guardia Civil ha detenido a tres de los agresores, aunque no descarta nuevos arrestos, y el Juzgado número 2 de El Escorial se ha hecho cargo del caso.

jueves, 5 de abril de 2012

Al bordo del Titanic

Parece que fue ayer, y ya ven. La noche del próximo 14 de abril toca aniversario: cien años justos desde que el Destino, que tiene ganas de guasa, puso un iceberg en mitad de la ruta del Titanic. Barco publicitado como insumergible, tecnología ultramoderna, primer viaje, 2.228 personas a bordo entre pasajeros y tripulantes. La mar lisa como un plato. Y zaca. Cubitos de hielo en la cubierta de estribor, desgarro bajo la línea de flotación, y al fondo. Millar y medio de ahogados preguntándose cómo ha podido pasarme esto. Glú, glú. Después, un siglo de leyenda, libros, películas: la de Kate Winslet y Leonardo di Caprio, estupenda. La protagonizada por Clifton Webb, prescindible y mediocre, incluso mala. La mejor, en mi opinión, la más rigurosa y perfecta -la he visto docenas de veces, y sigo haciéndolo- es La última noche del Titanic, dirigida por Roy Baker sobre un guión nada menos que de Eric Ambler, basado a su vez en un libro conciso y magnífico de Walter Lord, A Night to remember -así se titula la película en inglés-, que ninguna de las obras posteriores logró superar nunca. El libro de Lord, publicado en 1954, acabo de verlo en bolsillo, recién reeditado, con el mismo título: La última noche del Titanic. Así que quien quiera saber exactamente lo que ocurrió a bordo entre el 14 y el 15 de abril de 1912, no sé a qué espera, si tiene una librería cerca. O lejos.

Ignoro si les pasa a ustedes. A mí, aquella tragedia me trae a la cabeza naufragios y desastres más recientes. Y como ese Destino al que mencionaba antes no tiene sentimientos y le gustan las paradojas, y por otra parte soy de los que imaginan a una especie de dios borracho, o bromista cósmico, tronchándose de risa con los afanes de las miserables hormigas que corremos bajo su bota, la coincidencia de fechas entre el aniversario del Titanic y la que está cayendo no me parece casual. Por el contrario, creo que todo responde al mismo plan. A la naturaleza de las cosas. A la misma estupidez colectiva que ahora ocupa el lugar de la inteligencia y el ingenio que durante siglos nos hicieron progresar y ser mejores, hasta que dejamos de serlo.

No sé si consigo explicarme. Consideren lo que el Titanic simboliza hoy. Las tripas del asunto. Dejen de lado la parte sentimental, si pueden. La compasión natural por las víctimas, las emociones y otros elementos perturbadores del buen juicio. Mírenlo con objetividad fría, como nos mira ese bromista al que me referí antes. Dos mil y pico infelices, desde sofisticados millonarios a emigrantes pobres como ratas, que confiando en la publicidad de la compañía White Star, que califica su barco de insumergible, se instalan alegremente a bordo de un artefacto de acero que pesa 45.000 toneladas, y cuya tendencia natural, si algo falla en la técnica -y la técnica puede fallar siempre-, será irse al fondo por su propio peso. Y no contentos con tentar a la suerte de tal manera, esos pasajeros confían sus vidas a una tripulación en la que los marinos auténticos son minoría. A un sindicato -así los llamó Joseph Conrad- de cocineros, mayordomos y camareros más dedicados al confort del pasaje, a que éste coma bien, duerma cómodo y se divierta, que a la navegación profesional propiamente dicha. Ahora, como guinda del pastel, añadan a eso una compañía naviera dispuesta a hacerse a toda costa con los récords de navegación y los beneficios que ese primer viaje puede traer en cuanto a promoción y venta de pasajes en el futuro. Con lo que tenemos, resumiendo la cosa, un artefacto monstruoso, hijo de la ambición y la arrogancia, lleno de incautos y gobernado por irresponsables, lanzado a veintiuna millas por hora en llena noche atlántica, a través de un mar lleno de icebergs. O sea: bingo.

Y ahora mírenme a los ojos y digan si la historia no suena calentita, a reciente de estos días. Cambien pasajeros por nosotros mismos, tripulantes por entidades financieras, compañía naviera por políticos desvergonzados, incompetentes y embusteros. Cambien la fiesta a bordo, los pasajeros de lujo con sus copas de champaña, los de tercera clase soñando con la vida mejor que podía aguardarles en América, por todos nosotros, nuestros créditos fáciles sobre sueldos que no podían sostenerlos, nuestro derroche, nuestra estupidez suicida, nuestro mirar hacia otro lado a las primeras señales de hielo en el mar. Metan todo eso en un ordenador, oigan. Denle a la tecla enter y saldrá nuestra foto exacta, saludando sonrientes desde la cubierta del barco insumergible, encantados de habernos conocido. Felices de estar ahí. Observen sobre todo nuestra cara de idiotas. Cien años ya, desde el Titanic, y no hemos aprendido nada.

Arturo Perez Reverte

sábado, 31 de marzo de 2012

Orgullo y tradicion: Matar judios en Leon.

Se dice que hacia 1320 empiezan a extenderse por los reinos hispanos que los judíos envenenaban el agua y profanaban hostias, imputaciones que empiezan a tomar cierta relevancia durante los años de la peste negra que asola Europa entre 1328 y 1350. Estos comentarios empiezan a fragmentar una ya inestable convivencia entre judíos y cristianos en reinos como el de León donde se suceden los ataques populares contra las juderías.

Llegada la celebración de la Pascua, se evitaba todo exceso: estaba prohibido conocer bíblicamente al cónyuge, comer carne de animal o beber brebajes que enturbiaran toda facultad de rezar. En ese contexto, «matar judíos» empieza a recobrar un doble sentido. El día de Viernes Santo, cuando se conmemora la muerte de Jesuristo, los cristianos apuntaban a los judíos como culpables directos de la muerte del Señor e iniciaban una venganza armados con palos, guadañas, hoces y espadas.

Se da la circunstancia de que las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, se ven obligadas a permitir la venta de cierta bebida alcohólica, algo más suave que el vino, con la pretensión de que en el viaje de la ciudad al barrio de Santa Ana, las hordas de cristianos entrasen en las tabernas para beber la limonada, entonces rebajada con agua, limón y azúcar, y que ésta sirviera de anestesia contra su ira.


De este modo, en algún momento de la historia se introdujo la teoría de que un vaso de limonada suponía un judío menos. Teorías algo más rebuscadas atribuyen los ataques contra los judíos a los efectos de la limonada.


Y otras cuentan que la limonada recuerda aquel momento del Gólgota, cuando Jesucristo, agonizando en la cruz, exclamó: «¡Tengo sed!».


Una explicación más sitúa el nacimiento de la expresión «matar judíos» en el año 1609, cuando se publica el decreto dictado por Felipe III que dio lugar a la expulsión definitiva de los hebreos. «Limonada que trasiego, judío que pulverizo», podría ser el comentario utilizado para hablar de una forma simbólica en las tabernas de la época.


En esto de la limonada, cada maestrillo tiene su librillo. Pero recetas milenarias, posiblemente esta: «Vino, agua en su justa medida, limones, naranjas, higos, pasas, plátanos, canela en rama y azúcar."

martes, 27 de marzo de 2012

Vuelva general!!

El Yonatan y la Jessi

A veces, cuando me empitono con el personal, se me va un rato la pinza de la ropa y pido napalm a gritos, incluido para mí, algún colega me dice eso de pírate, tío, tú que puedes. Para qué sufrir con el paisaje. Pero es que no es lo mismo, suelo responder. A mí me gusta esto incluso con letra pequeña. Me pone mirarnos hablar, pelear, sufrir, soñar, equivocarnos o acertar. Debe de ser mi fondo de alma friki -lo afirma un fan del Príncipe Gitano y de los Chunguitos-, pero soy incapaz de resistirme ante un producto racial de aquí, bien elaborado. A veces voy por la calle y debo contenerme cuando me lo topo, sobre todo cuando llevo corbata y voy formal, para no darle un abrazo y besarlo en la boca. O besarla. Y es que al final acabas tomándole cariño a la peña. Tan irrepetible, oigan. Tan nuestra. Es un perro y se le quiere, así que calculen. Con las personas humanas. Los españoles de España.

Siempre creí, verbigracia, que el Manolo clásico de tripa cervecera y puticlub, heredero de aquel macarra de playa sesentón -maricona colgada de la muñeca y bañador slip leopardo-, era modelo definitivo, acabadísimo, de nuestras esencias. Que nada podría sustituirlo en mi corazón. Pero erraba. Hace tiempo, lo noto, que otros nuevos afectos me rondan el órgano. El jueves pasado, sin ir más lejos, viví un momento glorioso. Perfecto. Me encontré por la calle a una pareja de jóvenes, parte de un grupo que estaba un poco más allá en la puerta de un bar, y lo que primero oí fue la música, que atronaba la calle por los altavoces de un Megane tuneado. Luego asesté pupila: él y ella. Poligoneros de manual. Tan clásicos de pinta, que tecleas en Google los nombres Yonatan y Jessi, por ejemplo -O Vane, o Yasmi, o Viky, o Mati, o Soralla-, y salen sus fotos. Entonces le oí a la pava la primera frase:

-¡Apaga sa músika que mestoy vorviendo loka!

Mirá a la parte masculina del binomio: el chacho estaba situado al volante del buga, con una lata de garimba encima del salpicadero, y sentada la choni a su lado en la acera, ella con tanta pintura de colorines en los ojos que no podía ni levantar los párpados y la cara como empolvada de colacao, un piercing en el belfo inferior, botas de pelo hasta la rodilla, el pantalón de caja bajísima dejando ver la mitad superior de dos rollizos glúteos, un tanga negro y un tatuaje verde en chino, o japonés, o de por ahí. Y en ese preciso instante, la culomoto, tras darle una honda calada a un truja que tenía entre las uñas pintadas de color fursia, pronunció esta frase inmortal:

-¡Me tiés rayá hasta la pipa del coño!

Se me fueron otra vez los ojos al jambo, como es natural, y he de reconocer que mi afecto por su especie urbana subió, en el acto, varios puntos. Era un clásico: dos cadenas de oro al cuello, gafas pastilleras, camisa Rodweiler, vaqueros cagaos, Nikes de muelles, pelo a lo cenicero estándar con mechón engomado, y muy concentrado tecleando algo en el Iphone, posiblemente un mensaje a algún colega, del tipo «AnoSie cojiMo uN siego wapo», «le kiTao el tuvo esKape y petA que t kgas» o «Pa mi Ca la Yeni la tngO preñá». El caso es que, impasible, muy torero, el Yonatan, o el Arón, o el Kevin, o el Grabiel, como se llamara, movió a un lado la cabeza, miró a la jambrina con lenta indiferencia -observé que el pavo llevaba un pendiente de oro en una dumba-, y adoptando una expresión singular de kie poligonero, a medias entre Clin Isbud, Yustin Gueber y Andy y Lucas, perfeccionada, supongo, en cientos de noches de botellón o discoteca, sexo sin protección, pastillas y gangrenas de colores, trallazos de nieve, cristal, ladillas galopantes y soplidos en controles de alcoholemia, respondió:

-No me chines, tía. ¿Sabes lo que te digo?

Y siguió tecleando. Para ese momento yo me apoyaba en la pared más cercana, entusiasmado, buscando apresuradamente el Pilot V7 azul y un papel para anotar aquello antes de que se me olvidara. Y mientras tomaba las primeras notas al dorso de un recibo de cajero automático -saldo insuficiente, decía el hijoputa-, vi cómo la loba se ponía en pie, airada, se acomodaba las bufas en el escote del top ombliguero color verde fosforito, se rascaba justo entre las ingles, fuerte y sistemáticamente, y luego, sin descomponerse demasiado, le pegaba una patada a una llanta tuneada del coche, antes de pronunciar una frase que esa misma tarde, en el pleno de la Real Academia Española, tuve el gusto de repetir, fascinado, a mis respetables colegas:

-Te vi a zampar una ostia más rápido que deprisa.

Y es que son -somos- unos genios. Aunque no lo sepan. O sepamos.

Arturo Perez Reverte

jueves, 22 de marzo de 2012

Prefiero que no lo hagan

Sí, lo sé. Mañana se cumple el bicentenario de la Constitución de Cádiz, y podría ocuparme de eso. Dedicar esta página pecadora a la bonita efemérides del 19 de marzo de 1812. Pero no me apetece nada. Primero, porque a estas alturas del telediario estarán ustedes hasta arriba de artículos de prensa y reportajes mencionando el asunto. Empachados de doceañismo hasta la glotis. Segundo, porque hace un par de años escribí una novela gorda contando aquello, o intentándolo. O sea, que ya hice mi parte. Y en tercer lugar, porque si hoy hablase de la Pepa, también tendría que hablar de quienes se la cargaron en pocos días: los políticos visionarios, meapilas o incompetentes, los curas fanáticos, los animales con sable, los reyes infames y los súbditos analfabetos que, entonces como ahora, aplauden constituciones y gritan vivan las caenas al día siguiente, según sople, con esa habilidad asombrosa que tenemos los españoles para triturar cartas magnas, monarquías, repúblicas, democracias y lo que nos pongan a tiro. Lo que nunca nos cargamos son las tiranías, de la clase que sean. Qué curioso. Ésas son de duralex. Irrompibles. Aquí, los dictadores, los reyes felones y los hijos de puta suelen durar más que el resto, y palman tranquilamente en la cama. O jubilados con sueldo oficial.

Así que, como unas cosas suelen llevar a otras, voy a hablarles de algo que no tiene que ver directamente con la Pepa, pero en el fondo sí tiene que ver. O eso creo. Y disculpen si arranco de una circunstancia personal. De vez en cuando, los responsables de alguna biblioteca o centro escolar, gente bien intencionada que tiene la amabilidad de leer con indulgencia mis novelas o mis teclazos dominicales, me hace el honor de proponer mi nombre para bautizar el asunto. Biblioteca Tal, colegio Cual. Suena desmesurado, lo sé. Pero soy inocente. Hasta hay quien, en arrebato de fervor inmerecido por mi parte, propone mi nombre para una calle. Un par de ellas ya me han sido adjudicadas a traición, y precisamente estos días circula una iniciativa semejante por Cartagena; que, pese a la generosidad de mis paisanos, confío en que la descarte el sentido común. Sobre todo, para no obligarme a cumplir una vieja promesa: si ponen mi nombre a una calle en mi ciudad, es probable que acuda con un spray grafitero a tacharlo, en plan Banksy. Quedaría ingrato. Y feo, si me pilla un guardia.

No se trata de modestia, y a eso voy. Se trata sólo de prudencia. Uno es lobo viejo, con algún colmillo flojo y el rabo pelado. Y esto es España, o sea. El sitio del que hablaba en el primer párrafo. El de la Pepa. Aquí tu nombre en una calle, salvo raras excepciones, sólo sirve para dos cosas: para que la peña te tenga más ganas, o te las tenga si no te las tenía, y para que, a la menor oportunidad, lo cambien por otro nombre. Te pongan al día por el artículo catorce. En menos de un siglo, una calle española puede llamarse sucesivamente calle Real, de la Constitución, de la Restauración, de la República, del general Fulano, de la Libertad, del General Mengano, del payaso Fofó, de la Madre Que Nos Parió... Esto es España, insisto. Y eso de los nombres volátiles vale para calles, colegios, bibliotecas y lo que ustedes quieran poner en una placa. Aliñado, naturalmente, con la estupidez y la mala leche propias de este putiferio. Por poner un ejemplo reciente y calentito, ahí está, sin ir más lejos que a Basauri, el noble empeño de un par de consejos escolares de allí, decididos -supongo que por estas fechas estará hecho, o a punto de nieve-, con el no menos digno apoyo del alcalde local, vasquísimamente apellidado Busquet, a rebautizar como Bizkotxalde y Soloarte dos colegios públicos llamados Lope de Vega y Velázquez: esos dos conspicuos franquistas.

Así que yo de ustedes me andaría con tiento cuando les propongan homenajes, porque las placas de las calles las carga el diablo. Y permítanme un consejo práctico. Cuando sus vecinos, amigos o clientes vayan, con ingenua buena fe, a proponer su nombre para algo, digan lo de aquel personaje de Melville, el escribiente Bartleby: prefería no hacerlo. O que no lo hagan. Porfa. Nunca sabe uno lo que puede durar. Lo que tardarán los queridos paisanos, que con tan sincero fervor le dedican a uno la calle, el colegio o la biblioteca, en cambiar de opinión, quitar la placa, poner otro nombre y arrastrar al antiguo titular, simbólica o físicamente, camino de la farola más próxima, el exilio, la cárcel o el paredón. Si creen que exagero, hagan memoria. La historia de los nombres de calles arrancados es la historia de España, desde Istolacio, Indortes y Orisón -que igual también tuvieron calle- hasta hace medio minuto. Nuestra puerca historia.

Arturo Perez Reverte